Los niños fisurados en nuestro país son conocidos socialmente como “mellados”. Los términos médicos utilizados habitualmente son: fisuras palatinas o labiales, o de forma inexacta estas últimas también denominadas labio leporino. Un labio fisurado es una separación en el labio mientras que un paladar hendido es una abertura en la bóverda interna de la boca. Esto representa un desarrollo incompleto del labio y/o del paladar que ocurre durante las primeras 8 semanas de embarazo. Una vez nacido el bebé, la reparación quirúrgica será necesaria.
La realidad médica de un niño fisurado no reviste, en términos generales, gravedad pero sí una extrema complejidad. Junto con la fisura se ven comprometidas una serie de funciones básicas de nuestro organismo como son la succión, la deglución, la fonación, la audición, el desarrollo maxilo facial; cada una de ellas objeto de especialidades médicas (fonoaudiólogo, otorrinolaringólogo, ortodoncista). Debemos sumarle el apoyo necesario del psicólogo que apuntale al niño y su familia hacia el establecimiento de vínculos saludables con su entorno social. Se destaca la tarea del cirujano plástico quién reconstruirá la fisura de forma efectiva para permitir el posterior trabajo de las otras especialidades que propicien un desarrollo de calidad para nuestros niños.
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